Fuente de luz, calor, vida. Sin él no tendríamos petroleo, ni energía eléctrica, ni siquiera estaríamos aquí, nada de lo que nos rodea existiría, de no ser por nuestra estrella. Es el sol la mano invisible tras todos nuestros actos; nos provee de alimento, de energía, hace soplar al viento y gracias a él inventamos una forma de dividir el tiempo. Nuestra vida gira en torno a él, pero ¿qué sabemos sobre este personaje que nos da tantas cosas? Mucho más de lo que usted piensa, lo conocemos bastante bien, sí tenemos en cuenta que acercarse a él es casi imposible.
Empecemos con lo básico. El sol es una brillante bola de gas que lleva ardiendo casi 5000 millones de años y está en la mitad de su vida. Al igual que cualquiera de nosotros, el sol envejece, gasta su energía, acaba con su combustible. Es el proceso de quemar este combustible lo que produce la luz y el calor que irradia nuestro querido astro. Pero bueno ¿Cuál es ese combustible?
Si usted hace un esfuerzo y recuerda las clases de química del colegio, en las que probablemente no aprendió nada útil, recordará que existía una cosa llamada tabla periódica, y que en esta tabla la primera casilla la ocupaba un elemento llamado hidrógeno. ¿Ahora sí recuerda, cierto?
Bueno, pues que el hidrógeno ocupe el primer lugar de esta lista no es fortuito, Los elementos están organizados allí de acuerdo a su complejidad, a la cantidad de protones y electrones que poseen. Si tampoco recuerda lo de los protones y los electrones no se preocupe, en otra ocasión se lo explico; por ahora es suficiente con que sepa que estas son las pequeñísimas partículas de las que están hechas los átomos. Con esto claro, puedo explicar porqué el hidrógeno ocupa la primera posición en la lista. Resulta que este gas tiene solo un protón y otro electrón. Es el elemento más simple del universo, y el más abundante también. Por eso las estrellas lo consumen, porque hay mucho.
El proceso parece sencillo e incluso tranquilo, pero definitivamente no lo es. La cantidad de energía que se libera hace que las estrellas sean muy temperamentales. A veces liberan poca, y entonces se tornan tranquilas, opacas, aburridas. Pero hay ocasiones en que explotan con una fuerza capaz de destruir cualquier cosa que se encuentre cerca de ellas, e incluso de causar daños a objetos muy lejanos, como nuestro planeta por ejemplo. Sólo para satisfacer la curiosidad, nosotros estamos a 150 millones de kilómetros del sol, estamos tan lejos que su luz tarda ocho minutos en llegar a nosotros.
Espero que tras leer esto, la próxima vez que mire al sol recuerde que lo está viendo como era hace ocho minutos, que lo que ve son átomos pequeños fundiéndose en otros más grandes y que finalmente ha sido la física, esa que parece tan lejana y aburrida, la que nos ha permitido entender que el sol es mucho más que una bola de fuego que cuelga del cielo.
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