En el principio todo era
oscuridad y vacío, luego, aún no sabemos por qué, hubo una gigantesca
explosión, tan grande que 0000000000,1 segundos después de esta, el universo ya
tenía un tamaño comparable al del sistema solar. Algo así como un billón de
kilómetros, bastante si tenemos en cuenta que solo 100 kilómetros por encimas
de nuestras cabezas termina la atmósfera, hasta ahí llega nuestro planeta. Ahí
inicia el espacio.
Pero
regresemos a la historia. El universo creció a una velocidad descomunal porque tenía
tanta energía que aun hoy, 13.800 millones de años después, podemos ver los
últimos restos de ella. A diferencia de lo que la lógica nos dice sobre las
explosiones, en esta la velocidad con que se expandía el universo no disminuyó,
por el contrario, con el tiempo ha ido aumentando. Esto hizo que continuara con
su crecimiento.
El universo en sus orígenes era pequeño, pero tenía todo lo que tiene hoy. La
densidad era muy alta, y la temperatura también. Es como estar dentro de una
habitación pequeña con 20 personas más. Al inicio, el universo sufría de una
incontrolable fiebre, su temperatura podía alcanzar varios billones de grados.
Eso impedía que las pequeñísimas partículas que componen todo lo que existe se
unieran para formar átomos, rocas, estrellas... Pero el paso del tiempo es implacable, y a medida que el universo
se expandía, su temperatura disminuía y los primeros átomos empezaron a
formarse. Esto sucedió cuando el universo tenía ya 100 segundos de vida y su
temperatura alcanzaba los 1.000 millones de grados.
Los
primeros elementos en aparecer fueron los más simples, hidrógeno y helio. Estos dos
elementos formaron las primeras nubes de polvo y gas, y fueron estas nubes las
que 10.000 años después del Big Bang conformaron las semillas de lo que hoy son
las innumerables galaxias en las que vivimos. Una vez se formaron estas
semillas, la gravedad se encargó del resto. Sin embargo, no ha sido capaz de
frenar la expansión de nuestro universo, por el contrario, esta se hace cada
vez más rápida, incluso ahora, cuando ha pasado tanto tiempo desde este suceso,
mismo que aún no comprendemos en su totalidad, pues
podemos indagar sobre lo que sucedió hasta 10-43 segundos después de la explosión. 0,0000000000000000000000000000000000000000001
así se vería ese número, una
cantidad increíblemente pequeña.
Pero aunque parezca poco, esa pequeñísima fracción
encierra buena parte de los secretos que aún permanecen ocultos en nuestro
universo. Es el momento mismo de la creación el que permanece velado para
nosotros y, lamentablemente, todas nuestras teorías indican que ese
instante permanecerá para siempre en la sombra. A fin de cuentas, la
ciencia no tiene todas las respuestas.